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Iglesia y Bullfight del archivo |
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Permítame en primer lugar presentarme: soy un pastor de la Iglesia Unida del Canadá, la rama protestante más importante en Canadá.
Durante treinta años, fui profesor de letras en el Colegio de la Confederación, donde enseñé la Civilización europea a no menos de un millar de estudiantes cada año. Soy, por otro lado, Director de una compañía de viajes cuya actividad consistió principalmente en ir a Francia con centenas de estudiantes para descubrir París la capital, el Valle del Loira y la Provenza.
Con todo el respeto, Mi Reverendo, desearía por la presente hacerle parte de mi mayor desilusión al descubrir que en su diócesis se autoriza la tortura de animales, la expresión de la crueldad y del sadismo en nombre de la diversión, y decirle también cuánto este descubrimiento me ha escandalizado y enojado.
No hay duda que en lo más hondo de su conciencia, desde que usted abrazó el sacerdocio, el hecho de torturar a animales es percibido como un acto particularmente despreciable. Millones de canadienses y de estadounidenses son verdaderamente rebelados por la corrida, que no tiene nada de un deporte pero todo de una matanza. No comprendemos por qué una nación civilizada como la Nación francesa permite tal barbarie importada de España, que es tan ajena a los ideales de Francia. (Habiendo entonces descubierto en el año 2003 estas prácticas en la ciudad de Arles, decidí en seguida anular todas las futuras visitas en Provenza.) Cuando le llegue la hora de su muerte, usted se reencontrará frente a nuestro juez Eterno. Y entonces deberá responder a la cuestión de por qué haber permitido al sadismo prosperar en su diócesis. ¿ Que responderá usted? ¿ Y mientras tanto, cómo hace usted para soportar el hecho de que los animales sean largamente torturados hasta la muerte, y esto muy precisamente bajo su nariz, lo que es más? Con mi respeto.
Reverendo Hugh R. L. Mac Donald |